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domingo, 24 de julio de 2016

Dioses y Héroes de la Antigua Grecia

Robert Graves, el célebre autor de Yo, Claudio o La hija de Homero, pone al alcance de todos, jóvenes y mayores, los mitos griegos, imprescindibles para comprender no só­lo la civilización griega y aun la romana, si­no también para disfrutar en toda su riqueza del arte y la cultura occidentales. Las entretenidas historias protagonizadas por dio­ses como Zeus, Hera, Hermes o Poseidón, o por héroes como Heracles y Perseo, se trasforman, gracias a la maestría de Graves, en ági­les relatos llenos de sabiduría, en ocasiones hilarantes, en una obra destinada a acercar a los lectores a seres tan fascinantes como el ca­ballo alado Pegaso, la hermosa Andrómeda, el cazador Orión o el centauro Quirón, y deleitarse con narraciones como las de los Siete contra Tebas, Leda y el cisne, Orfeo y Eurídice, o las orejas del rey Midas.


La guerra de Troya

Uno de los libros más hermosos de Graves, La guerra de Troya es la recreación de uno de los hechos esenciales para la comprensión del mundo clásico griego y de la literatura épica.

Los conflictos entre Aquiles y Agamenón, el escenario de la guerra, la personalidad de Héctor, son explicados con una prosa tan admirable como amena. Tal vez este es, en palabras de Graves, "el primer intento moderno de explicar toda la historia de Troya, desde la fundación de la ciudad hasta el retorno de los griegos victoriosos, en un libro breve". Esta novela, una de las más queridas por el propio Graves, es, al final, mucho más que la mera explicación de una leyenda: es un alegato a favor de la amistad y en contra de la guerra, un homenaje a la literatura clásica y, por encima de todo, una aventura apasionantes que se ha constituido ya en una pequeña obra maestra del siglo XX.


La hija de Homero

Robert Graves escribió La hija de Homero cuando, estudiando los mitos griegos, se encontró con la audaz teoría enunciada por Samuel Butler en 1896, según la cual la Odisea no es enteramente obra de Homero, sino que intervino en ella una princesa siciliana. Al atenuar el tono heroico y hacer hincapié en las aventuras más familiares y cotidianas, Graves construye una épica de la vida doméstica, que al mismo tiempo es una comedia de caracteres. La excelsa epopeya pretendida por esta hija de Homero se convierte así en una entrañable novela histórica.


Los mitos griegos

Apasionado por el mundo clásico, Robert Graves publicó en 1955 esta recreación narrada de los mitos griegos, que se ha convertido con el paso de los años en una obra de referencia ineludible para iniciarse en el fascinante mundo de la antigüedad.

La erudición y la magistral prosa de Graves combinadas dan como resultado una deslumbrante inmersión en los avatares de los héroes y los dioses, a través de una sucesión de mitos que siguen hoy iluminándonos sobre temas eternos como las pasiones, el odio, los celos, la culpa, la ambición, la codicia, el miedo, la traición, los deseos inconfesables...

Forjadores de un universo simbólico que ha marcado el imaginario de Occidente a lo largo de la historia, por estas páginas desfilan Zeus, Narciso, Afrodita, Hermes, Atenea, Orestes, las Parcas, Apolo, Poseidón, Dioniso, Perseo, Sísifo, Midas, Teseo, Edipo, Penélope, Heracles...

Un delicioso paseo por el mundo de los mitos griegos. Un clásico imprescindible en cualquier biblioteca.


Siete días en Nueva Creta

Siete días en Nueva Creta es una novela de ciencia-ficción arqueológica, de un futurismo que el autor situa en un pasado intemporal. Es la fantasía de un mitólogo, de un sabio que aprendió el deporte de la vida en el estudio de los mitos. En Nueva Creta hay, sobre todo, magos y archiveros: ello tal vez se debe a que en ese país se ha abolido el tiempo "en la misma ocasión en que se decidió a abolir el dinero; pues el poeta Vives rogó apasionadamente: "Puesto que el tiempo es dinero, al tiempo hay que destruir".


La diosa blanca

La Diosa Blanca de Graves es tal vez el más importante de los proyectos del autor de Yo, Claudio. En esta obra Graves teoriza sobre un hipoético culto matriarcal primitivo, común a las mitologías europeas y previo a la instalación en del patriarcado religioso en los distintos panteones. Un ensayo audaz e inteligente que da cuenta de la originalidad del pensamiento de Graves.


Rey Jesús

El propósito de Graves al escribir este sorprendente libro fue arrojar luz sobre algunos acontecimientos, como la masacre de Belén, la Tentación y otros episodios oscuros que, sin embargo, tuviero que marcar necesariamente la trayectoria y la vida de Jesús. A partir de los hechos documentados, Graves intenta profundizar en el hombre que fue Jesús, en su carácter, sentimientos y convicciones. Cuando se publicó la novela no contentó ni a los católicos más militantes ni a los historiadores más académicos, como era de esperar de una novela de Graves, ya que pone en cuestión algunas de las ideas que éstos han defendido enérgicamente y explora la interioridad del su protagonistas.


El vellocino de oro

El Argo, una galera de guerra, partió de Yolcos llevando a bordo una asombrosa tripulación de héroes y semidioses (Hércules, Orfeo, Atalanta, Cástor, Pólux, Linceo y otros muchos) con el objetivo de robar el famoso Vellocino de Oro, celosamente custodiado por el rey de Cólquide. Esta historia de maravillas y portentos, de extraordinarios episodios que se suceden sin interrupción y que llevan a los héroes por toda la costa meridional del mar Negro, es asimismo una admirable reconstrucción del caracter y las costumbres griegas (el amor a la comida, el temor a la venganza de los espectros y los dioses), y el más completo y veraz de los muchos relatos que a los largo de los siglos se han escrito sobre esta remota y fascinante aventura marítima.


Las aventuras del sargento Lamb

La aparición de esta novela sorprendió a la crítica especialmente por la amplitud de mirada del autor sobre la guerra de Independencia amricana y por la exhaustiva documentación que Graves demostraba haber manejado. A través sobre todo del Diario y las Memorias del propio Lamb, publicadas en Dublín en 1809 y 1811, y a partir de las crónicas de la época, Fraves sigue la trayectoria de este singular personaje que luchó en la guerra de la Independencia y que conoció de cerca el entero desarrollo de esta contienda gracias a sus viajes por todo el territorio norteamericano. El dítipo que forman Las aventuras del sargento Lamb y Últimas aventuras del sargento Lamb, que publicamos el mes que viene, constituye el mayor fresco que sobre la guerra de la Independencia se ha escrito jamás y aún hoy no ha sido superada.


El conde Belisario

En el siglo VI Constantinopla, capital del Imperio Romano de Oriente, se encuentra sacudida por los enemigos externos y los desórdenes internos. El conde Belisario, comandante cristiano de una tropa bárbara, aparece como el único salvador posible.


Lawrence y los árabes

Publicada originalmente en 1927, Lawrence y los árabes es la primera biografía de T. E. Lawrencey uno de los primeros libros extensos en prosa de Robert Graves. El propio Graves define así su propósito: «He intentado presentar con la mayor sencillez posible una imagen de una personalidad de complejidad exasperante. He intentado asimismo que historia tan enrevesada resultase inteligible y nítida...». Basándose en los relatos escritos de Lawrence, y en un minucioso intercambio epistolar con él, las dotes de narrador de Graves y su poder de síntesis y análisis construyen un retablo preciso, claro y fascinante de la peripecia vital de un personaje singular y la historia de un pueblo y unos parajes de perenne actualidad.


El sello de Antigua

En un tono que bodea la farsa y un agudísimo sentido del humor, Robert Graves relata el durísimo enfrentamiento entre dos hermanos, sazonado con traiciones, jugarretas y estratagemas de los más disparatadas, que a veces se ha interpretado como un curioso modo de reflejar la lucha entre sexos. En esta novela se descubre una veta realmente insólita de Robert Graves.


Claudio el Dios y su esposa Mesalina

En el díptico que integran «Yo, Claudio» y Claudio el Dios y su esposa Mesalina, la amplitud y la profundidad de los conocimientos sobre la Antigüedad clásica de ROBERT GRAVES (1895-1985) se conjugan con una prosa de enorme belleza a la que da aliento una poderosa y viva imaginación, capaz de reconstruir toda la grandeza y miseria de la Roma imperial. Segundo y último volumen de la supuesta «autobiografía» de este singular emperador, destinado a serlo contra sus propias inclinaciones, en él Claudio alcanza la púrpura imperial y encauza todos sus esfuerzos, con el apoyo del pueblo llano, a reparar el legado de estragos y desastres que ha recibido de su antecesor, sin que su inesperado ascenso, no obstante, le procure la felicidad personal.


Yo, Claudio

Supuesta "autobiografía" de Claudio, singular emperador romano predestinado a serlo a pesar de que sus deseos fueran por otros caminos. Graves dibuja sin concesiones un espeluznante retrato sobre la depravación, las sangrientas purgas y las intrigas cainitas llevadas hasta el crimen durante los reinados de Augusto y Tiberio. Pero Yo, Claudio es también Calígula y su etapa sádica, Mesalina, Livia y, cómo no, Roma, un decorado único para esta trama argumental apasionante que se llevó a la pequeña pantalla con rotundo éxito, tras la que Yo, Claudio se convirtió la obra más conocida de Robert Graves y todo un clásico de la novela histórica a nivel internacional.


Adios a todo eso

Robert Graves escribió esta temprana autobiografía en 1929, poco antes de tomar la firme decisión de abandonar Inglaterra para vivir permanentemente en el extranjero, y de hecho corrigió las pruebas ya en Mallorca, la isla de sus sueños, de la que no se marcharía nunca, salvo un breve periodo durante la guerra civil española y la Segunda Guerra Mundial.

Adiós a todo eso, como su título indica, es una despedida, la rememoración de unos tiempos y unas experiencias dolorosos y amargos, con la voluntad de cerrar una etapa y renacer como un hombre nuevo en la sierra mallorquina. En las páginas de este prodigioso ejercicio de memoria, Graves repasa su infancia y sus infelices días escolares en el internado de Chatterhouse; sus brutales experiencias en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, en la que sirvió como joven oficial y que le dejaría una profunda huella, su desastroso matrimonio con Nancy Nicholson, pero también su emergente vocación literaria y sus encuentros con escritores como T. E. Lawrence, Siegfried Sassoon o Thomas Hardy.