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sábado, 13 de agosto de 2016

Almas en pena chapolas negras

En la madrugada del 24 de mayo de 1896, a los treinta años, con un revólver Smith & Wesson, José Asunción Silva se quitó la vida de un tiro en el corazón. Le dejaba a Colombia diez de los poemas más hermosos de la lengua castellana, y a sus acreedores $210.000 de deudas. Un siglo después de esa muerte, que continuó pesando sobre la conciencia de Colombia como si hubiera sido el país el que lo mató, Fernando Vallejo inicia su pesquisa detectivesca por archivos notariales y hemerotecas, y basándose en un verdadero maremágnum de documentos y periódicos viejos, más 20 cartas desconocidas y un Diario de contabilidad que la familia de Silva le facilitó, va armando el rompecabezas del infortunio y los descalabros comerciales del poeta.


Mi hermano el alcalde

Fernando Vallejo nos narra las aventuras de su hermano alcalde de Támesis, un pueblo perdido en las montañas de Colombia que lleva el nombre del río de Londres y donde, cosa curiosa, todos quieren ser felices a toda costa. Pero no lo logran.

  Y es que la felicidad de los unos choca con la felicidad de los otros y del choque sólo queda un reguero de cadáveres que se lleva el Cauca torrentoso, éste sí un río de verdad, no como el riachuelo inglés de aguas mansas, fatigadas.

  Mi hermano el alcalde es la historia de un loco que cree en la vida y en el ser humano, contada por otro que no. En este libro burlón y desencantado un país entero se desmorona llevándose en su caída el sueño del paraíso.

  Sátira feroz de la democracia en un tinglado de ilusiones, mentiras y traiciones, de almas en pena, muertos que votan y bandadas de loros que dicen verdades eternas con la concisión de Cioran. Retrato entrañable pero a la vez devastador de un personaje y un pueblo inolvidables.



La Rambla paralela

«Vivo de verdad no está nadie, ésas son ilusiones de los tontos. Día con día nos estamos muriendo todos de a poquito. Vivir es morirse. Y morirse, en mi modesta opinión, no es más que acabarse de morir».
  
  Novela en que el pasado y el presente se funden en el futuro de la muerte, La Rambla paralela palpita con el pulso de un relato alucinado. En su desesperación por rescatar lo que sólo existe en su memoria de muerto, el cadáver ambulante que la cuenta nos lleva de la mano por una Barcelona abrasada en el calor que a veces es Medellín y a veces México. Vallejo es un excelente narrador que nos arrastra de una frase a otra cortándonos el aliento. Para él no existen las leyes del tiempo y el espacio, y en esta incontenible narración palpitan la verdad y la fuerza de un poeta de voz honda e inolvidable. A pesar de su rabia y su furia, este libro tiene una ternura nostálgica que nos deja entrever que aunque el paraíso alguna vez existió ya lo hemos perdido para siempre.
  
  La obra de Fernando Vallejo continuará gritando improperios con la certeza de quien sabe que ya no es posible sumar más horror al horror. Una lúcida fuerza literaria.


El desbarrancadero

Fernando, un escritor colombiano que vive en México, vuelve a su patria de nacimiento para acompañar en sus últimos días a su hermano Darío, enfermo de sida. Darío se ha instalado en la casa familiar. Entre la abundancia de recuerdos sobresalen los dedicados a su padre que, junto a su hermano Darío, es el único miembro de la familia a quien Fernando quiere.
Cuando Carlos salió del cuarto me acerqué a la cama, me senté a su lado y me incliné sobre él: sus ojos suplicantes se cruzaron con los míos por última vez. ¿qué me quería decir? ¿Que lo ayudara a vivir? ¿O que lo ayudara a morir? A vivir, por supuesto, él nunca quiso morirse.


La Virgen de los Sicarios

«La Virgen de los Sicarios es una descarnada parodia de la violencia que afectó a Medellín durante el auge del cartel dirigido por Pablo Escobar. Aquí Vallejo se representa como un anciano homosexual de conservadoras costumbres y de espíritu elitista que se dedica a la gramática y que regresa a su ciudad natal después de largos años de exilio en busca de amantes adolescentes y en espera de la muerte. Con humor cáustico describe la ciudad y sus habitantes, nada escapa a su afán desacralizador y a su mirada critica»
Libro muy a tener en cuenta para comprender la trayectoria literaria de Fernando Vallejo.


El fuego secreto

«Un libro alucinante. Un desafío a la vez que una bofetada. Vallejo se desgarra al escribir, y nos desgarra y nos alucina.»
  
  «La más violenta andanada que se ha escrito contra Colombia pero a la vez un emocionado grito de independencia y rebeldía y, ¿por qué no decirlo?, de amor también.»


Entre fantasmas

Me pasé la infancia y la juventud en misa o leyendo novelas, y tantas oí y leí que perdí la fe: en Dios, cosa que para los efectos de la literatura poco importa, y en el novelista de tercera persona que sí.
  
  En este negocio el que no es poeta o novelista de tercera persona se quedó colgado del trapecio en el aire fuera del circo, qué más da. ¡Cómo va a saber un pobre hijo de vecino lo que están pensando dos o tres o cuatro personajes! ¡No sabe uno lo que está pensando uno mismo con esta turbulencia del cerebro va a saber lo que piensa el prójimo! ¡Al diablo con la omnisciencia y la novela!
  
  Hoy por hoy no piso una iglesia ni de turista y no leo una novela ni a palos. Me quedé en Blasco Ibáñez, en Cronin, en Daphne Du Maurier, y me escapé del boom que no sé en última instancia qué fue, si algo así como un Big Bang. Yo sólo creo en quien dice humildemente yo y lo demás son cuentos.


lunes, 8 de agosto de 2016

¡Llegaron!

Fernando Vallejo, «una de las voces más personales, controvertidas y exuberantes de la literatura actual en español» según el jurado del Premio FIL de Literatura 2011.

«A ocho kilómetros de Medellín, a mitad de camino entre Envigado y Sabaneta y a mano izquierda yendo (o derecha viniendo), entre naranjos, mangos y limoneros en un altico se alzaba Santa Anita: alegre, limpia, hermosa. Desde la carretera la veíamos y desde su corredor delantero nos veían: "¡Ahí vienen, ahí vienen!", decían el par de viejas aterradas. "Sí, ahí vamos, ¡y qué!".» En un Fordcito que alcanzaba los setenta kilómetros por hora en terreno llano, el narrador de este libro y sus hermanos viajan a la finca de la abuela en los días azules de la infancia. Días que recordados desde el presente, en el que el narrador tiene la edad de su abuela entonces, se llenan de colores más oscuros.


Peroratas

Peroratas resume el ideario de Fernando Vallejo, sus amores y sus animadversiones, su visión de la vida y la moral, que él mismo condensa en dos mandamientos: «Uno: no te reproduzcas que la vida es un horror e imponerla el crimen máximo. Dos: los animales de sistema nervioso complejo, y ante todo los que el hombre domesticó, también son nuestro prójimo».


Casablanca la bella

Casablanca no es una ciudad, es una casa: blanca como su nombre lo indica, con puertas y ventanas de color café y una palmera en el centro de un antejardín verde verde. Y así ha sido siempre y así siempre será, incambiada, incambiable, como el loquito de arriba, el que dijo: "Yo soy el que soy". Yo también. Yo soy el que soy.

El penacho de la palmera va y viene al son del viento: de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, como una cabeza que dice "No", pero no; lo que quiere decir la palmera es "Sí" porque está contenta. ¡Si tu mujer fuera así! Yo gracias a Dios no he tenido ninguna: ni de niño, ni de joven, ni de viejo, ni de muerto. ¿Consecuentar yo mujeres? ¡Jamás! Mi desviada lujuria me salvó.

Pero no hablemos de mujeres que es tema insulso y volvamos al antejardín, en cuyo verde prado una mano sabia, antes de que yo naciera, entronizó en su centro la palmera. Es una palma real que a la fecha, habiendo enterrado a montones, sigue creciendo, como un niño, hacia arriba, hacia el cielo, hacia Dios. Desde lo más profundo del azul celeste, instalado entre el coro de angelitos que me acarician con su canto en las abullonadas nubes la estoy viendo allá abajo chiquitica, chiquitica... Así son las grandezas humanas vistas desde lo alto: poca cosa. Presidente no fui porque no quise. Papa tampoco porque no quiso Dios, que me tiene reservado para más altos designios. Y no me pregunten cuáles porque aún no sé, me mantiene en vilo. ¿Podrá haber dicha mayor para el cristiano que salir en silla gestatoria todo emperifollado, bajo palio, bendiciendo a diestra y siniestra a la multitud que lo aclama?


miércoles, 13 de julio de 2016

La puta de Babilonia

La puta de Babilonia, como llamaban los albigenses a la Iglesia de Roma segœn la expresión del Apocalipsis, saca a la luz el voluminoso sumario de los crímenes perpetrados en nombre de Cristo por su Iglesia desde el año 323 en que, apoyada por el emperador Constantino, pasó de víctima a victimaria. Con el correr de los años esta Iglesia afianz— su poder mandando a la hoguera a quienes disentían de sus opiniones o se oponían a su dominio acusándolos de herejía, en tanto el Papa de turno juntaba bajo su triple tiara el poder temporal y espiritual y se declaraba Pontífice Máximo y Vicario de Cristo en la Tierra. Ya en nuestros días Juan Pablo II dedicó sus últimos años de pontificado a pedir perdón por un centenar de esos crímenes. Con gran rigor histórico y académico, Fernando Vallejo desenmascara una fe dogmática que durante mil setecientos años ha derramado la sangre de los hombres y los animales invocando la entelequia de Dios o la extraña mezcla de mitos del Oriente que llamamos Cristo, cuya existencia real nadie ha podido probar. Una obra que desmitifica y agrieta los pilares de una institución tan arraigada en nuestro mundo actual.